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Releyendo a Jane Austen (2)

Elizabeth Bennet y el moderno personaje femenino.Tras el post anterior -Releyendo a Jane Austen (1)- y después de un deprimente repaso a lo que han sido los personajes femeninos en siglos de literatura (en mi blog), llegamos a Elizabeth Bennet, protagonista de Orgullo y Prejuicio,  de Jane Austen.

Si bien puede que no sea el primer personaje femenino moderno -no los conozco todos, claro está- sin duda fue de los primeros. La novela fue escrita a principios del siglo XIX y Elizabeth es, sin duda, el personaje más completo de todos. ¿Por qué moderno? Para empezar, rompe todos los estereotipos que habían puesto sobre el tapete la mayoría de los personajes “mujeres” en la literatura. Ante todo, lo que destaca de Elizabeth, es, sin duda, su inteligencia y su agudo ingenio que demuestra en cada diálogo.

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Como prometía en el post anterior, extraigo como ejemplos trozos de diálogos de la novela:

(Extracto del capítulo 6: En un baile del capítulo 3, Darcy ha rechazado bailar con Elizabeth, y ahora un vecino -Sir William- insiste a Darcy para que invite a una Elizabeth aún molesta por la afrenta anterior)

-Señor Darcy, permítame que le presente a esta joven como excelente pareja de baile. no podrá usted negarse, estoy seguro, teniendo delante tanta belleza -y, tomando su mano, Sir William se la habría cedido al señor Darcy (quien, aunque extraordinariamente sorprendido, la habría aceptado) de no ser porque ella retrocedió de inmediato.

-Perdóneme, pero no tengo la menor intención de bailar -le dijo a Sir William, algo incómoda- Le ruego que no suponga que he venido en esta dirección con intención de buscar pareja.

El señor Darcy, con gran dignidad y corrección, pidió que se le concediera el honor de su mano; pero fue inútil. Elizabeth se mantuvo firme en su negativa, y tampoco bastaron para convencerla los esfuerzos de Sir William.

-Baila usted tan bien, señorita Elizabeth, que es una crueldad negarme el placer de verla; y si bien a este caballero no le gusta en general esta diversión, no pondrá ningún inconveniente, estoy seguro, a complacernos por espacio de media hora.

-El señor Darcy es un dechado de cortesía- dijo Elizabeth sonriendo.

Sí, ironía. Toda la que Jane Austen es capaz de imaginar -y es una maestra- escapa por boca de Elizabeth. ¿Decía antes que Elizabeth destacaba por su inteligencia? Sí, y por su personalidad: decidida, irónica, orgullosa.  De hecho es muy posible que sea el primer personaje femenino que enamora a un hombre en una obra literaria, no gracias a su belleza, sino a su inteligencia.

Antes de tener esta breve conversación con Elizabeth, esto era lo que Darcy opinaba de ella:

(Capítulo 3)

-Exactamente detrás de ti-(le decía a Darcy su amigo Bingley)- está sentada una de las hermanas de Jane, que es también muy hermosa, y me atrevería a decir que muy simpática. Déjame que le diga a Jane que os presente.

-¿A quién te refieres?-volviéndose, el señor Darcy contempló por un momento a Elizabeth, hasta que, al tropezar con su mirada, apartó la vista y dijo con frialdad- No me parece mal, pero no es lo bastante guapa para tentarme.

Y justo unos momentos después del encontronazo anterior (cuando Elizabeth le rechaza con tanta ironía), la reacción de Darcy es: (hablando con la Srta Bingley):

(Capítulo 6)

- … me ocupaba de cosas mucho más agradables. He estado meditando sobre el gran placer que pueden proporcionar unos ojos hermosos en el rostro de una mujer bonita.

La señorita Bingley alzó la vista, rogándole que le dijera qué dama le había inspirado tales reflexiones.

-La señorita Elizabeth Bennet.

Más aún llama su atención, cuando pasan unos días en la misma casa. Elizabeth tiene opiniones propias respecto a cualquier tema y -lo que es más sorprendente- las hace públicas (con educación y respeto) en cualquier ocasión. Incluso si contravienen a personas de rango o clase social superior. Hasta el extremo de tomarles el pelo (cosa inimaginable para otras mujeres, como la Srta. Bingley)

(Capítulo 11: después de que Darcy dice que se va a quedar sentado para contemplar a Elizabeth y a la Srta. Bingley mientras ellas dan un paseo.)

-¡Qué vergüenza, señor Darcy! -exclamó la Srta. Bingley- Nunca he escuchado nada tan abominable ¿Cómo le castigaremos por semejantes palabras?

-Nada más fácil -dijo Elizabeth- Tómele el pelo, ríase de él. Puesto que son amigos íntimos, debe usted saber cómo se hace.

-Le aseguro que no lo sé. Nuestra intimidad no me ha enseñado eso. (…) En cuanto a reírnos, será mejor no ponernos en evidencia tratando de hacerlo sin éxito. El señor Darcy podría felicitarse por ello.

-¡No reírse del Señor Darcy! -exclamó Elizabeth- Privilegio sin duda poco frecuente y espero que siga siéndolo, porque consederaría una gran pérdida tener muchos conocidos que lo reclamaran. Me encanta reír.

(…)

-Siempre me he esforzado -dijo Darcy- por evitar las debilidades que a menudo exponen al ridículo a una persona inteligente.

-Como la vanidad y el orgullo- añadió Elizabeth.

-Sí, la vanidad sin duda es un defecto. Pero el orgullo…  si realmente existe inteligencia, el orgullo estará siempre bajo control.

Elizabeth se volvió para esconder una sonrisa.

Además, el pesonaje manifiesta signos de independencia frente a la sociedad y a sus padres, negándose a algo tan habitual en aquella época como aceptar una oferta de matrimonio de alguien que está en una buena posición social (el viscoso señor Collins):

(Capítulo 19)

-Va usted demasiado deprisa, señor mío- exclamó Elizabeth- Olvida que no le he respondido aún. Permítame hacerlo sin mayor dilación. Acepte mi agradecimiento por el cumplido que me hace. me doy cuenta del honor que supone su ofrecimiento, pero me es imposible aceptarlo.

-Ya había llegado a mi conocimiento- replicó el señor Collins, con un ceremonioso ademán- que es habitual entre las jóvenes rechazar la petición del hombre al que, en secreto, se proponen aceptar; y a veces la negativa se repite una segunda y una tercera vez. En consecuencia, no me siento en absoluto desalentado por lo que acaba usted de decirme, y espero llevarla al altar en poco tiempo.

-Le aseguó señor mío- dijo Elizabeth- que su esperanza está desprovista de todo fundamento. Créame si le digo que no soy una de esas jóvenes (si es que existen) que tienen el atrevimiento de poner en peligro su felicidad por darse el gusto de recibir una segunda declaración. Mi negativa es totalmente sincera.

Elizabeth se enfrenta a las convenciones sociales de la época, lo hace con elegancia y con decisión, muestra su inteligencia y su opinión -es cabezota algunas veces- sea cual sea el escenario y los acompañantes. Por eso, me hace gracia que críticos actuales, como el muy encumbrado Harold Bloom alaben que Jane Austen “no sea feminista“, y que se limite a describir las situaciones, en lugar de “hacer un libelo” en pro de la igualdad de la mujer, como “las feministas actuales…” (Cómo leer y por qué, Anagrama).

Para ser tan inteligente en algunos aspectos, el señor Bloom parece singularmente obtuso para otros. Cada época tiene sus propias reivindicaciones y sus formas de expresarse… Cuando Orgullo y Prejuicio fue escrito, faltaba más de medio siglo para que se publicara la primera Reivindicación de los derechos de la mujer, y siglo y medio para que se empezara a pedir el voto femenino.

Sin duda hubiera quedado terriblemente fuera de lugar que, por ejemplo, a Elizabeth Bennet le diera por prender fuego a su corsé para manifestar su opinión sobre el matrimonio concertado.

Elizabeth protesta -y, por boca de ella, Jane Austen- como puede hacerlo; no olvidemos que, además, se supone que pretende que le publiquen el libro. Y, aún así, todo el carácter de Elizabeth, todo lo que le va ocurriendo, es una calmada protesta. Y las hay más directas: desde el comienzo de la novela se habla de que la hacienda donde viven los Bennet -la familia protagonista- está “vinculada” a un descendiente masculino; es decir, sólo un hombre puede heredarla (era muy común en aquella época).

Los Bennet han tenido cinco hijas…  por eso, la sra Bennet llega a decir:

(Capítulo 23)

- (…) ¿cómo cabe en la conciencia de nadie vincular una propiedad, arrebatándosela a una de sus propias hijas? No me cabe en la cabeza.

Y, más adelante, la poderosa y arrogante Lady Catherine De Bourgh:

(Capítulo 29)

-(…) En general, no veo motivo alguno para vincular propiedades prescindiendo de la línea femenina. En la familia De Bourgh nunca se ha creído necesario.

Si eso no es una protesta, baje Jane y lo vea.

Diana P. Morales
http://www.portaldelescritor.com/blog

Leer también: Releyendo a Jane Austen (1)

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Nace la Comunidad de Bubok

Bubok, el servicio de auto-publicación online, ha lanzado la Comunidad de Bubok, una plataforma que permite establecer una comunicación directa entre los usuarios del servicio, tanto privadamente,  a través de mensajes enviados a la página personal de cada usuario,  como de forma abierta por medio de foros de participación.

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Aunque la auto-publicación es una formula prácticada por numerosas editoriales, lo que hace tan novedoso el modelo elegido por Bubok es que la edición resulta gratuita, ya que es el propio usuario el que la realiza.  Para ello, solo tiene que abrir una cuenta en la web  y seguir los sencillos paso que se indican, ya que la página cuenta con todas las herramientas y servicios necesarios para la publicación y venta de un libro, ya sea electrónico o  de papel. 

Otra diferencia fundamental es el tiraje:  En Bubok los libros se imprimen según la demanda, lo que permite tiradas de hasta un solo ejemplar, aunque, claro está, podemos encargar más a medida que los vayamos necesitando sin necesidad de volverlos a editar.  En el precio final del libro también hay un cambio muy significativo:  Es el propio autor y no la editorial quien lo determina. Parte de ese importe se destina a cubrir los gastos de impresión y del resto, el autor se lleva un 80% y Bubok el 20% restante. 

A partir de ahora, además, los usuarios de Bubok podrán interactuar, algo que permitirá sin duda mejorar la formula y establecer lazos entre los autores.

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Moda para el Desarrollo

Moda para el Desarrollo es un proyecto de la organización Women Together con el objetivo de integrar a artesanas textiles y diseñadoras de los países del tercer mundo en el circuito comercial de la alta costura, hasta ahora inaccesible para ellas.  Su primer desfile se realizó en 1997 en París, en la sede de la Unesco, con los trabajos de tejedores de Bangladesh y de la diseñadora Bibi Russell -Premio por la Paz 2004 otorgado por la Asociación para las Naciones Unidas de España (ANUE)-, auténtica promotora del proyecto.

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A finales de los ‘70 y principios de los ‘80 Bibi Russell era una famosa top-model que desfilaba en las mejores pasarelas de París, Milán o Nueva York. En 1994 volvió a su país natal, Bangladesh, decidida a luchar para combatir la pobreza de su pueblo y convencida de que los tejidos que fabricaban a mano los artesanos eran el futuro: “Cuando me fui a estudiar a Londres, todo el mundo esperaba que hiciese una carrera como medicina, derecho o alguna ingeniería, que es lo que se suele estudiar cuando te vas fuera.  Pero yo quería hacer algo diferente.  La razón es que en este mundo alguien puede no tener una casa o nada que comer en dos días, pero todos tenemos que vestirnos;  nadie puede ir desnudo por la calle porque, entre otras cosas, la policía te detiene“.

Tras un tiempo dedicada resolver problemas legales, en 1995 montó Bibi’s Productions, una empresa con la que, por una parte, gestiona microcréditos para las tejedoras a las que después compra su producción para que reinviertan el dinero obtenido, y por la otra lucha para que las grandes firmas de moda utilicen tejidos de calidad fabricados por estas mujeres. “Me di cuenta de que para una población como la mía ésta (la industria téxtil) era una buena salida, por eso quise estudiar algo así; para poder hacer algo por ellos. Pero para ello se tiene que estar realmente preparado y ser fuerte, es un trabajo muy duro.  No sólo basta fabricarlo, también hay que venderlo; para lo cual se necesita comprender las demandas de los distintos países.”

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En 1996, gracias al apoyo de Federico Mayor Zaragoza, ex director general de la Unesco, Bibi contactó con Women Together, una entidad creada en 1996 bajo los auspicios de la Unesco con los objetivos de luchar contra la pobreza y conseguir un desarrollo sostenible: proteger y defender los Derechos Humanos; promover los principios democráticos; fomentar la educación para una cultura de paz, respeto entre los pueblos y comprensión solidaria internacional, y proteger y respetar el medio ambiente. 

Entre las distintas acciones que promueve desde hace años, Women Together, consciente del inmenso potencial del microcrédito, se unió a la Microcredit Summit Campaign (que difunde el sistema del microcrédito como primer eslabón en la conquista para la capacitación e inserción en el mundo laboral de las mujeres más desfavorecidad) y trabaja activamente en la consolidación de un sistema de financiación microcrediticia, autosustentable y perdurable.  En concreto, apoya activamente al sector de la microempresa textil de menores recursos económicos en países del tercer mundo, principalmente a través del proyecto “Moda para el Desarrollo”.

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Tras el éxito de la exhibición de los productos promocionados por Bibi Russell, la experiencia se aplicó a mujeres refugiadas de Bosnia-Herzegovina y más tarde se extendió a Africa.  Actualmente el proyecto se está consolidando en Latinoamerica. Precisamente con productos procedentes de cinco países latinoamericanos -Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y Uruguay- se organizó el último desfile de “Moda para el Desarrollo”, que tuvo lugar en la Pasarela Cibeles 2007.
 
Los desfiles son una parte muy importante del proyecto porque la difusión de estos trabajos es de vital importancia para dar a conocer a los grandes creadores de la moda los materiales producidos gracias a los microcréditos. Gracias a ellos distintas marcas y diseñadores de prestigio internacional, como Hermès, John Galliano o H&M ya trabajan con estos productos y, después de Cibeles 2007, también algunas diseñadoras españolas, entre ellas Ágata Ruiz de la Prada y Elena Benarroch, también se han mostrado muy interesadas.

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ENEIDA MARTA, LA VOZ DE ÁFRICA


 

Nacida en Guinea Bissau, Eneida Marta se ha convertido en una nueva promesa dentro del panorama musical actual gracias a su inconfundible y espectacular voz.

Empezó a cantar desde muy pequeña gracias a su padre, artista de origen angoleño. Más tarde, emigró hacia Portugal donde frecuentó aulas de canto y se presentó a numerosos concursos para promocionarse y abrirse camino. Juca Delgado, uno de los más importantes productores de música africana en Portugal, apostó por ella. Después de algunas colaboraciones en discos con artistas del momento -como Don Kinas o Rui  Sangara-, donde fue ganando experiencia, produjo su primer disco en solitario: Nô Storia (Nuestra historia) que fue acogido favorablemente por el público y por los medios de comunicación.Su segundo trabajo, Amari (Amor de mi vida), un maxi-single donde rinde homenaje a la música de Guinea Bissau y Cabo Verde, cantando en árabe, le valió el reconocimiento internacional y Eneida Marta se convirtió en una nueva referencia musical.

Aunque desde sus inicios ha estado presente en numerosos escenarios europeos y medios de comunicación internacionales, su primera gran gira europea en solitario se inició a raíz de la presentación de su tercer disco Lôpe Kai, en enero del 2006.

Eneida Marta, artista polifacética que desde sus inicios ha colaborado en gran número de álbumes recopilatorios de distinta índole, explora una gran variedad de estilos musicales: Gumbe, Morna, Singa, toques flamencos, matices de Gospel y Jazz, todo envuelto en un erotismo pleno.

En junio del 2005 ganó un concurso en Portugal con la canción Mindjer Dulce Mel (Mujer Dulce Miel), situándose en primera posición dentro de la categoría de “World Music”. Ese fue también su primer videoclip

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Unas frases bien hechas, por favor

“Corría el año de la polka cuando Paquita apareció en mi vida como agua de mayo. Desde que Bernarda estiró la pata yo me quedé más solo que la una. Y claro, o me iba de picos pardos o superaba las noches en blanco con batallas de cinco contra uno.

Paquita era una pimpolla que resucitaba a un muerto. No es por echarme flores, pero desde que llegó al pueblo decían que bebía los vientos por mí, vamos que la tenía en el bote. Yo, que nunca fui un Adonis, me dije: Ramiro, Ramiro, ándate con ojo, que aquí hay gato encerrado. Era tan guapa y tan joven…  Por supuesto, hubo alguno con muy mala baba que dijo ‘a la vejez, viruelas’, pero yo hice oídos sordos y seguí defendiendo mi relación a capa y espada.

¡Qué tiempos! Recuerdo que nos íbamos de parranda un día sí y otro también.  Acababa hecho un trapo; no tenía el cuerpo para esos trotes. No obstante, continuamos erre que erre. Luego, solíamos pelar la pava en el portal de mi casa. En fin, ella decía que quería seguir mocita hasta el casorio. Pero después de dos años de esta guisa se me hincharon las narices y le dejé las cosas claras y el chocolate espeso: -Mira, Paquita, o nos casamos o te vas a hacer puñetas-.  Se puso más suave que un guante. Nos casamos. Y llegó la noche de bodas. Por fin, cuando todo estaba saliendo a pedir de boca y yo estaba más caliente que el palo de un churrero, le metí mano y…  Me di cuenta de que Paquita tenía un soldado, qué digo, un capitán general, que ganaba todas las batallas de sus noches en vela.

Aquel día tomé las de Villadiego y me marché de allí como alma que lleva el diablo. Desde entonces ando con la mosca detrás de la oreja, no pongo la mano en el fuego por nadie y antes de que me den gato por liebre, me apunto al sacerdocio.”

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 Esta historia -que podía ocurrirle a cualquiera- más que relato podría ser una resurrección del lenguaje popular.  Sí,  amigos.  Porque con tanto i-pod, mms, dvdix y sobretodo “no tng sald”, nuestras frases hechas y nuestro español de toda la vida se está empobreciendo, empequeñeciendo y yo no sé si acabará por difuminarse entre los velos de la globalización.

Haced la prueba y escuchad una mañana cualquiera cómo hablamos. Con seguridad estaréis rodeados de “emails”, “chats”, “messengers” y “pdas”.

Además de la sustitución de vocablos españoles por anglicismos, nuestra lengua está menguando por la pérdida de las buenas formas. Por ejemplo, si no podemos pasar por un pasillo repleto de gente, con un empujón o un ¿puedo? dicho con un tono agresivo todo solucionado. Eso de ¿me permite pasar, por favor…? ¡Uff!, es demasiado largo.

Cuando nos marchamos de un lugar conocido decimos el consabido “chao” y ya es un esfuerzo. O un “aesta lugo” ya que la “e” casi no se oye. Luego están los que ni se despiden. Yo propongo desenterrar el maravilloso “vaya usted con Dios”,  sustituible por Alá, Buda o lo que se tercie. En fin, antes de alterarnos más de lo debido, analicemos el porque de esta miseria que nos rodea.

Si comenzamos por citar el excesivo uso de anglicismos, echarle la culpa de todo a la tecnología es lo más fácil. Los aparatos sugieren pero no imponen el nombre con el que debemos llamarlos. Así si recibimos un “email” deberíamos hacer un esfuerzo -no tan ímprobo- de cambiarlo por “correo” que es la traducción correcta. El famoso “emilio” por muy gracioso que nos resulte, no es la solución.

En cuanto a las “abreviaturas inventadas” hay que decir que se llevan la palma los mensajes de texto de los móviles. Claro, como debemos pagar más por cada carácter que sobrepase un mensaje entonces acudimos a expresiones como “qtal” (qué tal), “xq” (porque), “cm” (como), “tb” (también), para economizar y poder enviar más información. Dicen por ahí que esta costumbre es propia de los adolescentes pero yo ya he visto algún cincuentón rejuvenecer con el “xq no viens”.  A propósito de jovenzuelos, si por escrito “economizan”, cuando hablan son la repanocha pero aquí voy a romper una lanza por ellos.

En general, frases como “estás rayao”, “el insti”, “estar petao”,  son propias de los muchachos de quince, o diecisiete años. Podemos decir que hablan así porque “es la moda” o por vaguería pero yo me arriesgo a asegurar que lo hacen por ser aceptados en el grupo, ya que compartir expresiones une mucho, como utilizar la misma indumentaria, beber y fumar para “no ser distinto”.  En este caso el lenguaje se convierte en una cuestión social de vital importancia pues supone estar dentro o fuera de un colectivo.

Por otro lado, la teoría nos dice que su vocabulario está en relación con su nivel socio económico y geográfico. Pongamos por ejemplo Madrid ¿quién habla mejor: un chico del sur o un chico del norte?  Por cierto, ¿qué es hablar mejor? no comerse las desinencias en -ado, -ido, no decir tacos, usar latinismos, no inventar abreviaturas, citar a Quevedo, vocalizar, no comerse las eses finales, diferenciar la “ll” de la “y”, saber utilizar las perífrasis…  Seguro que aquí más de uno ha colocado la palabra “pijo” o “barriobajero” en función de si cumplen o no estos requisitos. Entonces ¿quién habla mejor:  Tamara Falcó o Belén Esteban? ¿el fallecido Fernán Gómez o el Luismi de Aida…?  

Parece fácil la respuesta pero yo no lo veo tan claro. Unos tienen más “carrera” y otros más “calle” y esa circunstancia les hace tener registros diferentes pero no son mejores ni peores: ambos son correctos dentro de su parcela, de su argot. Por eso yo prefiero preguntarme “¿quién tiene más riqueza del lenguaje?” en lugar de “¿quién habla mejor?”. Así, a más registros dominas más rico eres en lenguaje.

Imaginad a el Luismi hablando con Marichalar y a la Preysler con la Esteban. ¿Cómico? Por supuesto, pero también rico y con fundamento: Sería un intercambio maravilloso de vocabulario y expresiones. Y creedme, aprenderían todos de todos.

Ya solo nos queda colocar al pobre Ramiro y sus frases hechas en alguna parte, y ver porqué se está perdiendo esta forma de hablar. No sé a qué clase social pertenece Ramiro. Os habréis adelantado a decir que es un “hombre de barrio” pero esa idea es algo arriesgada. Muchos dichos se han forjado en las clases altas. Por ejemplo: la expresión “dar un guantazo” -que nos puede parecer tan “barriobajera”- se la debemos a la nobleza. Cuando querían retar a un caballero usaban sus guantes para abofetearle. “Le ha dado con el guante, le ha dado un guantazo”. Así que los que no quieren usar estas expresiones porque las consideran burdas o bastas, deberían reflexionar. (Otro debate sería el porqué hay que avergonzarse de ser de una clase baja o de “un barrio bajo”).

Luego están los que las consideran “expresiones de viejos” y por lo tanto no encajan en su argot juvenil. ¿Qué hacer con ellos? Tan sólo transmitirles que hay otras formas de expresar lo mismo y que cuando se envían “mss” aunque no le crean “también pelan la pava”.   Cuando salen los sábados por la noche “se van de parranda” y cuando piensan que están enamorados “beben los vientos” por alguien…

En definitiva tal vez estemos a tiempo de recuperar estos dichos. Yo los no coloco en “vulgares” o “anticuados” si no en un trozo de historia y cultura que debemos esforzarnos por recuperar.

A todos los profesores de español y lengua que arriman el hombro y echan una mano en esta tarea. Va por ustedes. Valéis un Potosí.

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Robert Wagner habla de la muerte de Natalie Wood

El actor Robert Wagner, que durante casi tres décadas ha evitado hablar de la muerte de la que fue su mujer, la famosa actriz Natalie Wood -protagonista de clásicos como Rebelde sin causa, Esplendor en la hierba o West Side History-, ha roto su silencio en su autobiografía, Pieces of my heart (Pedazos de mi corazón), esperando así disipar los rumores que le atribuían la responsabilidad de los hechos. 

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 El cadáver de Natalie Wood fue hallada el 21 de noviembre de 1981 flotando en las aguas del Pacífico, muy cerca de Los Angeles. Tenía entonces 43 años. Aunque la investigación posterior atribuyó la muerte a un accidente, fue un suceso plagado de incógnitas y de situaciones misteriosas.

Ocurrió en los ultimos días del rodaje de la película Proyecto Brainstorm; Natalie invitó a su compañero de reparto, el actor Christopher Walken, a cenar en su yate, el Esplendor, fondeado frente a la isla Catalina, muy cerca de la mansión de la actriz.  Hay quien dice que se trataba de una fiesta para celebrar el próximo debut en el teatro de Natalie Wood, una auténtica orgía de más de treinta personas en la que corrieron el alcohol y las drogas, pero oficialmente solo estaban Natalie, su marido Robert Wagner y Christopher Walken, aunque sí es verdad, según los informes policíales, que en la reunión consumieron alcohol a destajo.

En su autobiografía, Wagner reconoce que sentía celos de Walken. Natalie era conocida por sus aventuras extramaritales y su marido estaba convencido de que le era infiel con Walken que, al contrario que Wagner, cuya carrera estaba en declive, era una estrella en alza por sus interpretaciones en películas como El cazador o La puerta del cielo. Parece ser que los dos discutieron y que Wagner llegó a romper una botella de vino sobre la mesa.

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 Sin embargo, segun declararon los dos actores y el capitán del yate, después de cenar, cuando ya habían decidido abandonar el barco y dormir en un hotel cercano, Natalie se retiró a su camarote y dejó solos a los dos hombres, que continuaron bebiendo y charlando hasta la medianoche, cuando Wagner se dio cuenta de la ausencia de la actriz y del pequeño bote de remos de la embarcación. Fue entonces cuando avisó a la patrulla costera de la desaparición.

La hipótesis de Wagner es que el bote se soltó y que la actriz, que oyó como golpeaba contra el casco del yate, trató de amarrarlo y cayó al agua. La versión oficial dice que cayó cuando trataba de saltar a él.  Algunos creen que Natalie,  que siempre se sintió desgraciada y ya había intentado suicidarse en varias ocasiones, se tiró al mar. Otros, que fué Robert Wagner, borracho y furioso, quien la lanzó.  

En cualquier caso, los allegados de Natalie encontraron raro que estuviera sola en un bote a medianoche, ya que era notoria su fobia a las aguas oscuras, debida a las predicciones de una vidente china que, antes incluso de su nacimiento había revelado a la madre de la actriz que ésta «tendría una vida llena de triunfos y éxitos, pero su muerte sería enigmática y temprana; una muerte en aguas oscuras».

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Releyendo a Jane Austen (1)

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Todo el mundo tiene sus autores favoritos, y creo que cualquiera que me conozca un poco sabrá que Jane Austen está en los primeros lugares de mi lista.

Hace poco compré un ejemplar de Orgullo y Prejuicio, de Jane Austen. Por supuesto, para una relectura (la quinta si no recuerdo mal).Ésta vez comprado -y sellado con mi novísimo ex-libris, que he estrenado con él- pues las anteriores lecturas habían sido a ejemplares prestados. Todo porque el otro día me volvieron a entrar ganas de leerlo, y me di cuenta de que no tenía mi propio ejemplar (¡sacrilegio!). Me hice con él el mismo viernes, y nada más llegar a casa empecé a leer; llegué hasta el capítulo 45, y entonces lo dejé para escribir este post.

Todo el mundo tiene sus autores favoritos, y creo que cualquiera que me conozca un poco sabrá que Jane Austen está en los primeros lugares de mi lista. Es una gran narradora y creadora de personajes; sus novelas se desbordan en ambientes minuciosos, y en detalles sutiles. Es la autora para la que se inventó la palabra ironía.

Todo compendio de grandes obras literarias de la historia tiene una novela suya; un honor difícil de alcanzar en esta sociedad en la que -ineludiblemente- se minusvalora a las novelas escritas por mujeres, con protagonistas mujeres y de temas relacionados con sentimientos. Existe el prejuicio de que toda novela con esas características es una “novela femenina” o “novela para mujeres”, lo cual (irracionalemente) rebaja su calidad a ojos de la comunidad literaria, y provoca que la mayoría de los lectores masculinos no se acerquen a autoras como ésta.

Austen, sin embargo, ha obtenido el beneplácito del mejor crítico que existe: el tiempo.

Los libros universitarios, o ensayos sobre ella destacan sus cuidadísimos ambientes; el fino tacto de su prosa; el preciso retrato de la sociedad de su época. Yo me centro en otro de sus logros: los diálogos.

Los diálogos de Jane Austen tiene el ritmo rápido y ágil de la buena comedia. Ni una sola frase se deja al azar; son una radiografía de cada personaje y del tiempo en el que les ha tocado vivir. Son irónicos, por supuesto (esto no hacía falta ni decirlo), agudos y mordaces como sables. Si Austen hubiera vivido en la primera mitad del s.XX, habría trabajado como dialoguista para los guiones Ernst Lubistch, o para Billy Wilder.

Sus adaptaciones a la pantalla deben ser de las pocas adaptaciones literarias en las que el 90% de los diálogos de la película son, efectivamente, extraídos del libro. Dejo un ejemplo, y próximamente continúo con otra de las cimas de Jane Austen en Orgullo y Prejuicio: la invención del moderno personaje femenino en la literatura.

Extracto de Orgullo y Prejuicio, capítulo 20:

(Elizabeth Bennet, joven protagonista de la novela, acaba de rechazar la proposición de matrimonio del viscoso señor Collins; su madre, la sra.  Bennet, se ha enfadado con ella e insta al padre a que la reprenda; el señor Bennet accede a ello.)
La señora Bennet tocó la campanilla y se convocó a la señorita Elizabeth a la biblioteca.

-Ven aquí, hija mía-exclamó su padre al verla aparecer- Te he mandado llamar por un asunto importante. Tengo entendido que el Señor Collins te ha hecho una proposición matrimonial ¿Es eso cierto?

Elizabeth respondió afirmativamente.

-Muy bien y tú ¿has rechazado ese ofrecimiento?

-Así es, señor.

-Muy bien, ahora llegamos a lo más importante. Tu madre insiste en que aceptes ¿No es así, señora Bennet?

-Así es, o de lo contrario no volveré a verla nunca más.

-Tienes ante ti una triste disyuntiva, Elizabeth. A partir de hoy serás una extraña para uno de tus padres: tu madre te repudiará si no te casas con el señor Collins y yo te repudiaré si te casas con él.

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Mariana Pineda.

Lo más impresionante de la figura de Mariana Pineda es que era una mujer de lo más normal.  Nunca fue una activista, ni una ideóloga, ni siquiera una conspiradora. Es cierto que tenía simpatías liberales, que muchos de sus amigos y parientes eran destacados opositores al régimen absolutista, pero Mariana nunca tuvo un papel destacado. Se limitaba a hacer de anfitriona de sus reuniones, y a prestar auxilio a los liberales necesitados.  

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Prestar sus salones y hacer caridad. El papel que jugaría cualquier señorita bien de la época. Con la única diferencia de que Marianita estaba sola. Hija natural de un hidalgo y una labradora, cuando solo tenía un año Mariana quedó huérfana y a merced de su tutor, un tío suyo, que la despojó de su herencia. Se casó a los quince años y quedó viuda y con dos hijos a los dieciocho. Desde entonces hasta su muerte, Mariana tuvo que sacarlos adelante con una escasa pensión y las pocas rentas que le quedaban. Una situación difícil para una hija de buena familia en la España de primeros del siglo XIX. Sin embargo, parece que nunca perdió la alegría ni la entereza. Siempre fue una mujer valiente. Y atractiva. Aún tuvo una hija, también natural, de un hombre al que nunca permitieron casarse con ella, y se le conocen varios amoríos. Un atractivo que no tenía nada que ver con sus ideas, y que llegó a llamar la atención del propio Ramón de Pedrosa y Andrade, Alcalde del Crimen de la Real Chancillería y encargado por el propio Fernando VII de reprimir a los liberales de Granada. Marianita lo rechazo: seguramente lo encontraba un hombre desagradable.

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La mujer que murió por bordar la bandera de la libertad no sabía bordar. Dos bordadoras la acusaron de haberles encargado bordar lo que, más que bandera alguna, parecía ser un banderín de una logia masónica. Gracias a su delación se salvaron ellas mismas de la cárcel: Un sacerdote, traicionando el secreto de confesión, las había denunciado por hacer ese trabajo.

Pedrosa lo arregló para hacer un registro en casa de Mariana apenas media hora después de que las dos bordadoras le hubiesen llevado el encargo. Desde entonces hasta su ejecución, dos meses después, empezó un proceso lleno de irregularidades, en el que el propio Pedrosa actuó de Juez. Y el propio Pedrosa llevó a la firma del Rey la orden de ejecución.

Mariana no reconoció nada, no delató a nadie. Probablemente, Pedrosa no consiguió ni un gesto de humillación. Su último deseo fue que, después de muerta, le picaran el vestido a tijeretazos, para evitar que se lo robaran. No quería que sus verdugos la vieran desnuda.

Mariana subió al cadalso con la cabeza muy alta. Nadie, salvo los obligados por la ley, fue a ver su ejecución. Nadie en Granada podía creer que se atreverían a hacerlo.

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Viajes, fábulas y otras travesías

En estos días en que unos vienen y otros van vuelvo a hablar sobre los viajes para destacar las opiniones que, sobre ellos, tiene el escritor Manuel Vicent.

Preguntado en una entrevista dice que “viaja con una maleta mínima porque el espacio es infinito y esto significa que puede ser inmenso o mínimo”, o sea que “ todo el universo cabe en una maleta pequeña si el espacio lo conviertes en una cosa mental…”Fuerte, ¿no?

Pero vamos a lo físico ¿qué lleva este escritor en la maleta? “Seis camisas, seis calzoncillos, seis calcetines, los instrumentos de afeitarse, una chaqueta y tres pantalones, todo bien ordenado y bien doblado” y por supuesto “un bloc pequeño y un bolígrafo para que las ideas no se diluyan en el espacio”. Perfecto, así ese espacio mental lo convertirá, como siempre, en una obra de arte. Pero lo asombroso es que no lleva libros. Y lo justifica mejor que bien: “para mí el libro es el paisaje y, sobre todo, la gente, los rostros de la gente. Llevarte un libro de casa es como ir a un buen restaurante y llevarte un bocadillo”. Gracioso ¿no?, y sigue: “cuando voy a un lugar sólo me interesa el libro que la gente lleva escrito en su rostro”, y no le falta razón, en cada de nosotros hay una historia porque la cara –como decía mi abuela- es el espejo del alma. Está claro que ni para dormir necesita un libro, señal de que duerme como un bendito. A preguntas del entrevistador sobre algún libro de viajes, claro está, sólo recomienda el suyo Viajes, fábulas y otras travesías. Un libro que comprende 11 países y 18 ciudades recorridos que le dejaron huella.

Considera Vicent que “uno conoce una ciudad cuando se enamora en ella…”  Teniendo en cuenta que me voy de fin de semana largo, lo que serán mis minivacaciones; estoy haciendo la maleta que en nada se parece a la suya, conozco la ciudad donde voy, estoy enamorada y llevo un par de libros. ¿A qué voy entonces? Como no tengo nada claro que sea escritora: a bañarme, comer pescaito y a dormir.

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